La ciencia de hacerse rico

Es un libro escrito en 1910 por Wallace Delois Wattles (1860-1911). Fue un propulsor del nuevo pensamiento, basado en la visualización y fe en lo que puede obtenerse, uniéndolo al trabajo duro y responsable y a la integridad moral. A través de la creación y no de la competencia con otros. Se sabe muy poco de su vida y el motivo de su muerte, acaecida un año después de la escritura de este libro. También escribió «La ciencia de estar bien» y «La ciencia de ser grandioso».

Según su hija Florence A. Wattles (1887-1947) su padre recibió escasa educación formal y era hijo de granjeros. Wallace hizo mucho dinero y tuvo buena salud, excepto por su «extrema fragilidad». Se postuló para cargos públicos, aunque nunca fue elegido.

Wattles plasma en su libro lo aprendido en su vida. Parece que cada palabra, frase, párrafo, fue escrito con la intención de quedar cincelado en el subconsciente de quien lo lea. Afirma dentro de él que la «La ciencia de hacerse rico» es una ciencia exacta como pueden ser las matemáticas, y «quien lo aplique con exactitud seguramente se enriquecerá».

Habla del derecho a ser rico. Ese deseo se ha satanizado, como el origen de todo mal. Puede causar conflicto, porque de alguna manera se asocia con quitar, explotar o perjudicar a otros, o ser materialista y vacío, pero «nadie puede alcanzar su pleno desarrollo en cuerpo, mente y alma en medio de la pobreza«. «…Aprendemos, hacemos y llegamos a ser mediante el uso de las cosas», eso es una gran verdad. El cuerpo tiene necesidades: cobijo, alimento, ropa, salud y aseo. La mente, para no estancarse, necesita el aprendizaje y esparcimiento que puede encontrar en el estudio, los libros, escuelas, cursos, viajes, pasatiempos. El alma encuentra su mayor satisfacción en dar y ayudar. Se puede ayudar a otros sin necesidad de ser rico, pero contando con eso será más sencillo y de mayor alcance. Pero sobre todo se les puede ayudar enseñándolos a prosperar por si mismos. Ganar cuando otros también ganan y no solamente dando caridad, ya que ésta suele mantener a la gente donde está. No se trata tampoco de vivir para los placeres, sino un equilibrio entre cuerpo, mente, espíritu, sin exceso de ninguno de ellos.

«Hay una ciencia de hacerse rico y es una ciencia exacta, como el álgebra y la aritmética. La posesión de dinero y bienes llega como resultado de hacer las cosas de un cierto modo. Aquellos que hacen las cosas de ese cierto modo, ya sea a propósito o intencionalmente, se hacen ricos. Mientras que aquellos que no hacen las cosas de ese cierto modo, no importa lo duro que trabajen o lo capaces que sean, permanecen pobres.»

Y la oportunidad de ser rico no se encuentra monopolizada por unos cuantos, como suele creerse. Mucho se habla de que no toda la gente nace con las mismas oportunidades. El problema es precisamente la creencia en la falta de oportunidades, pero muchos han demostrado que tal cosa no existe. Es cierto que los mismos caminos no están abiertos para todos, pero cada quien puede abrir los propios. Es verdad que hay medios y situaciones más favorables, pero afirma que quien hace las cosas de ese «cierto modo» sin duda prosperará, independientemente del ambiente donde esté o donde nazca; independientemente también del talento o del capital inicial. De hecho, ni siquiera es necesario contar con un capital inicial.

Se basa en la visualización de lo que quiere lograrse, pero hace hincapié que ésta sola no es suficiente. Es necesario conectar la visualización a la acción, hacer bien el trabajo, hacer planes, teniendo siempre en mente el objetivo. Todo mientras se sigue trabajando desde el mismo lugar donde nos encontramos ahora, pero mejorando lo que hacemos, determinando como es posible llegar a donde queremos, buscando y estando abiertos a ver las oportunidades donde antes no las veíamos y a que éstas lleguen, en lugar de la habitual resignación. El libro describe ese modo de pensar y de actuar.

Trata los temas de cuál puede ser el negocio ideal para cada quien, la influencia del talento y cómo usar éste del modo adecuado. Es importante, sobre todo, hacer no cualquier cosa sino lo que se quiere hacer, según la vocación, inclinaciones propias y gustos. Siempre es posible aprender y desarrollar más las capacidades, pues ni éstas ni el talento son inamovibles. Sin embargo, no aconseja apresurarse a cambiar, sino comenzar dando todo en la actividad y trabajo actual, haciéndolo de la mejor manera, incluso si es un trabajo muy sencillo hacerlo como todo un profesional. «El hombre que avanza es aquél que es demasiado grande para el lugar donde está y tiene un claro concepto de lo que quiere ser».

Algunos podrían considerar esta obra como autoayuda barata. Ignoro si alguien se ha hecho rico gracias a este libro en específico, pero si hay testimonios de personas a quienes ha ayudado el mentalizarse. También ayuda mucho más que como siempre se piensa o como siempre se hacen las cosas, sin esperar ningún cambio, a tenerlo presente en la mente en cada acción y encaminándose a una meta, siempre procurando hacer mejor las cosas y pensando en prosperidad.

También hace alusiones a Dios, a la religión y a la Biblia, armonizándolos con las ideas plasmadas en el libro, como verdades absolutas de la vida. De hecho, no es necesario ser creyente ni religioso ni estar en todo de acuerdo con el autor, para comenzar a pensar «de cierto modo». Además hay muchas formas de riqueza. Riqueza en salud, relaciones, satisfacción en el trabajo o en el hogar. Salir adelante y avanzar más también en prosperidad material es posible y de eso trata principalmente.

Hace hincapié en que para enriquecerse o prosperar económicamente no es necesario competir, ni pasar por encima ni explotar ni perjudicar a otros, ni quitar nada a nadie. Tampoco es necesario estar sobre los demás. Eso proviene de la creencia y mentalidad competitiva y no creativa, y nadie carece de la capacidad de crear.

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